Mi Oaxaca tierra sagrada,
tierra fértil y pura,
tu me viste nacer de mañana,
y esa mañana yo descubrí tu hermosura.
Oaxaca te pusieron por nombre
y fuiste escogida por mis antepasados
porque en ti encontraron esa paz absoluta,
esa paz que de ti siempre he anhelado.
Anoche soñé contigo,
y me es triste volver a recordar.
Soñé que te talaban tus grandes árboles
y los pajarillos asustados empezaron a cantar.
En sus sollosos canto pude entenderles
que nunca a Oaxaca van a abandonar.
Al escuchar ese triste canto,
con un nudo en la garganta me puse a llorar.
Desperté con lágrimas en los ojos
e intristeció mi corazón ésta mañana
al saber que tus praderas están cambiando,
ya no es el mismo verde de tus montañas.
Si tan sólo yo pudiera enverdecerlas
con estas lágrimas que hoy mojan mis pestañas
para así llorarte día y noche.
Hasta que deje de latir este corazón que me acompaña.
Lucharé por cuidarte siempre
para que tu alegría sea un lindo florecer,
para que tus días se llenen de dulces cantos
y nunca tengas un triste atardecer.
No importa que me critíquen por quererte tanto,
tú eres mi Oaxaca querida, tierra que me vio nacer
y aunque hoy no estoy contigo
te aseguro muy pronto te volveré a ver.
(Frente Indígena)
Posee cumbres de más de tres mil metros de altura (casi diez mil pies), cavernas que se encuentran entre las más profundas del mundo, playas vírgenes, selvas escondidas y valles luminosos que acogen poblaciones donde se funden, como en un crisol, las culturas de todos los pueblos que han pasado por su piel.
Oaxaca, capital del Estado, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, debe su fama a la belleza y armonía de su arquitectura, la riqueza de sus tradiciones culturales, la extensa variedad de su comida típica y la templada suavidad de su clima, primaveral durante todo el año.
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